El monte y sus mujeres, resistencia y valor.

Imágenes color, de formato panorámico y planos abiertos, conforman la serie de fotografías que funciona como manifiesto contra el desmonte en el norte del país y como alabanza a aquellas mujeres que arriesgan su vida para defender su lugar en el mundo y el derecho a un ambiente sano. El fotógrafo Julio Pantoja explora con su cámara a estas pequeñas David rodeadas por su familia, por su hogar, por todas esas cosas por las que luchan diariamente y que los medios no registran. En otras imágenes, aparecen los restos que deja Goliat a su paso, bosques quemados, amplios desiertos, inundaciones y campos de soja donde antes existía diversidad vegetal, animal y humana.
         El trabajo de Pantoja no solo es un producto estético sino un compromiso político e ideológico, como ya lo había manifestado en su obra previa Los Hijos, Tucumán veinte años después.
Así es que en medio de la pelea mediática Gobierno vs. Campo por la mayor tajada de las exportaciones de soja, este trabajo aporta una tercer mirada, expone testigos que nunca fueron convocados en la discusión pero que sufren en carne propia la vertiginosidad con la que los cultivos de soja transgénica han reemplazado a los clásicos de trigo y maíz. También revela la manera en que sus derechos han sido relegados en pos de la ambición desmedida de las grandes corporaciones agropecuarias que arrasan con todo lo que ocupe la tierra que necesita la soja para crecer.
El autor trabajó con dos géneros fotográficos y los unió en cada imagen, mezcla documental con ficción. Casi como un homenaje a Richard Avedon, fotografía a sus modelos neutralizadas por un fondo blanco, pero a diferencia de In The American West, Pantoja amplia el campo visual y toma con su cámara el derredor de esa tela blanca que contiene a las madres del monte y permite al espectador relacionar figura con fondo y fondo con figura. Conjuga los dos géneros creando un documental ficción, género muy visto últimamente en el cine pero nunca antes en fotografía. Pantoja es reconocido como fotodocumentalista pero en Las madres del monte da una vuelta de tuerca y produce un trabajo comprometido políticamente al que adorna con perlitas de colores. Posiciona a sus modelos indígenas y criollas como si estuvieran en un estudio, les imprime naturalidad y la comodidad típica del aquel está en su hogar, las subraya del entorno y las redignifica como superhéroes autóctonas.
http://www.juliopantoja.com.ar/

Mistral y Dana: niñas errantes


Tú no me conoces todavía bien, mi amor. Tú ignoras la profundidad de mi vínculo contigo. Dame tiempo, dámelo, para hacerte un poco feliz. Tenme paciencia, espera a ver y a oír lo que tú eres para mí", le escribió en abril de 1949 Gabriela Mistral.
"Yo me pongo en el viento y en la lluvia tierna, para que éstos, viento y lluvia, puedan abrazarte y besarte para mí", le responde Doris Dana por esa misma fecha.
Estos son fragmentos de cartas entre la poeta y su secretaria personal, que fueron donados al Estado chileno por Doris Atkinson, sobrina de Dana, cuando ésta murió en 2006.
El escritor Pedro Pablo Zegers, conservador de la Dirección Nacional de Biblioteca, se encargó de editar la correspondencia en un libro llamado “Niña errante”.
¿Amor lésbico o maternal? La discusión vuelve a abrirse, pero las cartas dicen, hablan solas, transpiran erotismo y sensualidad. Las cartas cierran.

La discusión sobre la sexualidad de Gabriela Mistral es algo añeja, pero el “descubrimiento” de este material inédito, desata nuevamente la controversia iniciada allá por el 2000. Ese mismo año, Doris Dana, aparece en una revista recalcando que “nunca tuvimos una relación”.
La pregunta que nos hacemos es inevitable ¿podrían, en aquella época, “salir del closet” -como se dice ahora-, cuando la mujer era vista como la ‘ama de casa’, casi asexuada? ¿Cuando la homosexualidad, y mucho más la femenina, era inaceptable y condenada? ¿Cuando el lesbianismo en Chile es altamente repudiado? –y cuánto más en la década del 50-.
Gabriela Mistral y Doris Dana se habían conocido en 1946, dos años más tarde iniciaron una relación epistolar gracias a la colaboración de la poeta en un libro sobre Thomas Mann que Dana ayudó a editar. Doris Dana se convirtió así en secretaria, amiga, albacea y heredera de la autora.
La norteamericana acompañó a la poeta en los últimos diez años de su vida, y no sólo se transformó en la protectora de su obra, sino también de sus secretos. Quizás, solo Dana sabía que aquel verso del poema “Vergüenza” (“Si tu me miras, yo me vuelvo hermosa… /… yo callaré para que no conozcan mi dicha los que pasan por el llano”), era para ella.

La lesbofobia que existe en Chile no pone paréntesis, hablar de la sexualidad de la Premio Nóbel simplemente no encaja. Gabriela Mistral, físicamente, no cumplía con el estereotipo femenino, nunca se casó, y la mayor parte de su entorno era femenino.
En 2001, Francisco Casas anunciaba el proyecto de una película sobre Gabriela Mistral, “La pasajera”, que presentaría a la poeta como lesbiana. Lógicamente, los mistralinos chilenos reaccionaron en masa y pusieron el grito en el séptimo cielo. Volodia Teitelboim, autor de “Gabriela Mistral pública y secreta”, aseguraba que no había pruebas de ello. El alcalde de Vicuña se oponía tajantemente a que en su comuna se filmara una película "que dice que Gabriela Mistral se junta ba con homosexuales". Y Jaime Quezada, director de la Fundación Mistral, negaba también y le restaba autoridad a Casas. Como si la sexualidad de un autor deteriorara o enalteciera su obra.

Muchos de quienes custodian el legado de la poeta, hablan sencillamente de una relación de madre e hija, y apuntan a que estas cartas están siendo desvirtuadas por faranduleros que sólo leen entre líneas. Pero el argumento va a dar contra la pared cuando se escuchan las cintas que Doris Dana grabó, primero en un sistema antiguo de cable y después en cintas magnetofónicas (que acaban de ser digitalizadas), y se oye a Dana decir “De cómo nos hemos juntado, hoy hace siete años, octubre 1, 1948, es lindo, no?” y la poeta responde: “Lindo... Hay que cuidar esto Doris, es una cosa delicada el amor”.
La hipótesis de un amor filial puede ser aceptada en una sociedad represiva como la chilena, y muchos críticos hablan que ese amor es llevado a tal punto de erotización en las cartas, que bien se podría hablar de incesto. Demasiado complicado para decir sencillamente que es amor. Silencio por un lado, y por otro, demasiadas palabras por parte de quienes ostentan las letras en Chile, quienes, con una lógica viril, aseguran que la relación era solo maternal.
Como mujer pública, Gabriela Mistral transitó dos caminos en una misma ruta, uno que favoreció su reconocimiento publico como poeta, y otro, donde no permitió que se entrometieran en su privacidad para que no pudieran criticarla.
No caben dudas de que las recientes cartas publicadas, son cartas de amor. Negarlo solo nos da dos opciones: o no sabemos leer, o no queremos escuchar.

Tapa y Contratapa


 Por Julián Crigna


 Por Leo Iba

Editorial Nº 3

PostaData fue pensada para sentir las letras entre las manos, para oler ideas, para ser llevada al rincón más recóndito y leerla con el viento pegando en la cara o con el sol entibiando la piel. Entonces, ¿cuál es el camino a recorrer cuando una revista que se pensó en papel cambia de formato y se vuelve digital, virtual, intangible? No hay respuesta sencilla.
El recorrido que transitamos en los dos números previos nos sirvió para comprender que una modesta tirada de ejemplares era insuficiente para llegar a todos aquellos puntos desde donde nos visitaron en el blog, y por ello con este formato digital deseamos generar ideas en aquellos lugares donde ansían recibirlas y debatirlas.
Cierto también es que editar en papel tiene costos y limitaciones, y creemos que la digitalización nos ayudará a saltearlas. Con este renacimiento multimedia ampliamos los límites del papel y así es como agregamos videos, convocamos artistas, invitamos a debatir en el foro, mantenernos actualizados entre número y número y fundamentalmente, seguir escribiendo, opinando y señalando con la pluma allí donde pocos quieren ver. Y para aquellos que gustan de sentir las palabras entre los dedos, seguiremos produciendo PostaData para descargar e imprimir.
En todos los momentos de la vida tenemos algo para aprender y como seres inteligentes y sociales es que nos educan. La educación es un fenómeno social, mediante el cual nos corrigen, nos limitan, borran nuestra impronta más animal; pero también nos abre al mundo, nos da palabras para defendernos, para reclamar, nos permite valorarnos y comenzar a elegir lo que aprender. Es así que como herramienta social limita y engrandece. Engrandece cuando nos enseñan a pensar pero limita cuando nos enseñan qué pensar. Engrandece cuando nos educan con libertad y limita cuando no nos permiten discutir cómo educar.
La Educación es un derecho de todos los individuos y son los Estados quienes tienen el deber de brindar la oportunidad a todas las personas a recibir una correcta y auténtica formación; es decir, ofrecer las mejores condiciones físicas y sociales para que esto sea posible. No es fácil educar con frío, como no es fácil aprender con hambre. Entonces cuando las condiciones son limitadas, la educación es limitante; cuando solo algunos reciben enseñanza adecuada es que el Estado superpone el derecho de algunos por sobre el de unos cuantos, y así las brechas sociales cada vez son mayores y los márgenes se estrechan más, permitiendo que el poder de decisión sea empuñado solo por la manos de los “bien educados”.
Este tercer número procura aportar algo nuevo sobre educación y como creemos que la única manera de aprender es hablando y escuchando, les proponemos que nos escuchen y nos contesten; que con seguridad este ida y vuelta colaborará a un nuevo saber.

Historia de una persona a la que el día no le alcanza

Suena el despertador a las seis de la mañana. Me levanto y mientras preparo el desayuno certifico la dirección marcada en el diario de ayer. Pienso: me tomo el bondi, luego el subte, y ya está, en una hora estoy ahí. Tendría que llegar puntual a la entrevista, parece ser una buena oportunidad.

Ya se hicieron las siete. Me cambio en un santiamén y decido partir. No he terminado de bajar las escaleras cuando oigo que comienza a sonar el teléfono. Apuro el paso y regreso a casa. Levanto el tubo y del otro lado: mamá, que por favor vaya enseguida a lo de la abuela que se descompuso, y que ninguno de mis hermanos está disponible. Lo mismo de siempre. Le digo que no puedo, que tengo una entrevista para un laburo y no puedo faltar. Me pide por favor que vaya, que está retrasada y me vuelve a repetir que mis hermanos no están, para hacerme sentir mal obviamente, logrando su cometido. Mamá suele tener la mala costumbre de siempre salirse con las suyas. A las puteadas salgo rápido para lo de la abuela, olvidándome del recorrido planeado anteriormente.

A las 8:30 llego a lo de mi abuela. Me cuenta que se siente un poco mareada pero que no es nada grave. Seguramente le cayó algo mal de lo que comió la noche anterior. Le digo que no se preocupe y mientras la recuesto en su mecedora y le alcanzo un vaso de agua, me suena el celular. Pedro, compañero de Semiótica, me avisa que el profe está justo en éste mismo momento firmando libretas y se queda en la facu una hora más solamente. Tendría que ir para allá urgente, es mi última oportunidad de engancharlo. Me aseguro que mi abuela esté bien y le digo que me tengo que ir, que se quede tranquila, que ya debe estar por caer mamá. Mucho no le gustó mi actitud, pero no tenía otra alternativa.

Cúanto darías por La Razón

Se los empieza a ver antes de las siete de la tarde, mezclados entre los miles que van y vienen por la terminal Retiro. Deben tener menos de 15 o 16 años, pero sus caras revelan que fueron criados por la calle, que crecieron de golpe. La multitud se mueve en forma de bloque, si se la pudiera ver desde arriba recordaría a una mancha de petróleo sobre el mar. Y ellos están en medio de esa mancha, con un puñado de ejemplares de La Razón dormidos sobre el antebrazo izquierdo, entre los que se desesperan por un lugar en el subte Línea C o en alguna de las tres líneas de trenes. Simulan que no los ven, pero ellos saben llamar la atención a los gritos: “¡La Razón a voluntad!”


Todas las voluntades son distintas, pero hacia la noche estos chicos habrán juntado suficiente voluntad para sobrevivir y para regresar a la tarde siguiente con una nueva edición del diario, que en realidad se distribuye gratuitamente desde 1994 en los principales núcleos del transporte metropolitano, entre las cuatro y las seis de la tarde. Según un informe preparado en 2006 por la central de medios Brand Conection, La Razón es el único diario de Buenos Aires que tiene más lectores que cantidad de ejemplares editados. Se estima que cada uno es leído en promedio por dos o tres personas. Quizá por pura intuición, los repartidores de La Razón a voluntad encontraron en este fenómeno una oportunidad comercial. La fórmula parece simple: la tirada diaria es inyectada en trenes y subtes, y cada ejemplar es entregado en forma gratuita a un lector. Pero muy pocos lectores se lo llevan, muchos terminan en el tacho de basura de alguna estación o simplemente son abandonados. Una picardía, si se piensa que aún quedan varias horas pico de pasajeros, es decir, de potenciales lectores.

Así hablaba Kafka

Andá con cuidado”, me habían dicho, “si no contesta, no lo apures, va a estar absolutamente metido en su mundo”. Y tenían razón.

Había preparado algunas preguntas de manera muy meticulosa, cuidando bien las palabras para tratar de que con cada pregunta él pudiera explayarse y yo no tuviera necesidad de repreguntar o idear otros cuestionamientos. A decir verdad, me asustaba la idea de estar frente Kafka. Me habían dicho que era muy silencioso, que probablemente me contestara con monosílabos y que seguramente se mostraría indiferente a mi presencia.

Entré a su estudio, él estaba de espaldas a la puerta, mirando por una pequeña ventana como la lluvia mojaba los árboles en ese atardecer en Praga. Dije ‘permiso’, y se dio vueltas con una serenidad que estremecía, propia de un tipo llamada Samsa.

Su escritorio estaba bastante revuelto, cantidad de papeles esparcidos, una pila de libros señalados que aparentaban no haberse terminado de leer, y un increíble polvillo que se esparcía por todo el territorio kafkiano.

Caminé los seis pasos que me separaban de él, le estreché la mano flaca y con una sonrisa disimulada y un dudoso alemán me dijo ‘estás mojada’ (interiormente agradecí ese gesto y casi sentí que pude relajarme). Era pequeño, flaco -flaquísimo-, y a decir verdad, poco atractivo. Tenía puesto un traje marrón, algo arrugado pero limpio, una barba de tres o cuatro días y el rostro horrorosamente consumido, cuando lo miré a los ojos reconocí una tristeza y una concentración que ciertamente me dejaron paralizada. Por un momento pensé en ofrecerle un cigarrillo, pero pronto deseché la posibilidad. Él me miró fijo a los ojos, con una mirada oscura y tan penetrante que creí intuía lo que yo estaba pensando, me invitó a sentarme.


Aguafuertes

De la cama al living sientes el encierro”. Estoy casi convencida que Charly García escribió esta canción luego de haber experimentado algún día de muchísimo aburrimiento (porque sin ánimo de ofender, pienso que debe haber experimentado algo más que drogas en su vida este hombre). ¡Qué sensación más espantosa que es estar aburrido! ¡Qué sentimiento más parecido a la infelicidad! Todos los que leen esto deben estar pensando qué estupidez que estoy diciendo, y lo que es peor, qué estupidez tan grande me mortifica. Pero en algún punto si se ponen a pensar en esto un segundo no es algo tan insignificante.

Uno se cansa de leer y de escuchar acerca del amor, del desamor, acerca del dolor, de la felicidad. Pero pocas veces ronda el tema del aburrimiento en reflexiones profundas o baratas (como esta) pero sin embargo, es una sensación, un sentimiento tan cotidiano como el resto de los tan trillados siempre. Hablemos alguna vez del aburrimiento. Cuando se esta aburrido uno pasa por diferentes estadíos que casi siempre persiguen este orden:

A) uno empieza a buscar qué hacer… y re piensa… porque algo se debe poder hacer aunque en ese momento nada parece surgir.

B) Se llama a todos sus contactos con la ilusión (porque es esa la palabra) que alguien cercano esté pasando por el mismo momento que uno. Frente a la negativa. (Aquí podría aparecer un ítem más en la famosa ley de Murphy que siempre funciona “nunca nadie allegado a ti comparte el aburrimiento contigo en el mismo tiempo y espacio”) pasas al estadio…

C) vuelves a tu PC y chequeas por vigésimo quinta vez en el rango de 15 minutos tu correo electrónico, facebook, blog, blag, http, miras fotos viejas, miras el facebook, blog, blag y http de cualquier amigo tuyo. Y te das cuenta recién ahí que tenés que hacer algo de tu vida porque todo el mundo pareciera tener una vida mas divertida que la tuya, te deprimes un poco mas, entonces…

D) Prendés el televisor esperando encontrar un estreno o algo que todavía no hayas visto y que te entretenga un rato aunque sea hasta ver qué podés hacer

E) Apagás el televisor

F) Abrís la heladera porque crees tener hambre de nuevo aunque hayas comido hace algo menos de una hora. Los chocolates suelen apalear unos instantes el aburrimiento, porque además de comerlos uno puede leer en ingles, en portugués y en castellano todo lo que contiene el alimento ingerido, de dónde proviene y conocer también el 0800 al que se puede llamar para hacer algún reclamo algún otro día de aburrimiento

Versos en el margen

SOLO MAESTRO

A Carlos Fuentealba.

¿Quién va a matarme

si sólo soy un docente?

¿Quién va a matarme

si uso sólo guardapolvo?

¿Quién va a matarme

si sólo soy un padre?

¿Quién va a matarme

si educo a la esperanza?

¿Quién va a matarme

si sólo soy un obrero?

¡Quién mierda va a matarme!

Aylén Catania

El criminal se cobró otra víctima

El asesino de trabajadores

Se llevó un maestro

El judas se llevó a Carlos

En un viernes santo cargado de sangre

La sangre de todos los cristos,

Estudiantes, maestros y obreros.

Carlos era un tipo peligroso

No usaba armas

No era violento

El trabajo era su trinchera

Los estudiantes sus compañeros de lucha

Y eso lo hacía enemigo de la muerte

El enemigo más peligroso.

Lisandro Romero

La extraña razón de mi vida

A lo largo de su existencia los diferentes gobiernos han “invertido” mucho tiempo -y dinero- para idear un método de coerción y coacción que no resulte tan obvio a los ojos de la gente, un método que logre instaurar en el inconciente colectivo la ideología de turno y que, de cierta forma, legitime un poco mas su poder sobre el pueblo. Se ha utilizado durante este arduo camino de búsqueda de un cáliz sagrado -llamado poder- innumerables técnicas y mecanismos, desde pomposas y extravagantes campañas políticas hasta las más inimaginables promesas de dólares y felicidad. Pero sin duda alguna, la técnica que mejor ha funcionado cuenta con actores tan sigilosos que resultan casi imperceptibles y, lógicamente, mucho mas efectivos.

Desde siempre el ser humano ha sentido la necesidad de vivir en sociedad, de crear organismos que regularicen su conducta y faciliten dicha vida social.

Con el paso del tiempo y la evolución de las ciudades el estado se fortaleció y comenzó a ocupar el lugar perteneciente a la religión, relegando a la Iglesia -que fue la primera institución de la historia en actuar como si fuese un estado- coordinando la vida en sociedad, sancionando leyes, encargándose de la economía y sobre todo, educando a un segundo plano, tomando de ella los tan efectivos métodos de dominación que la hicieron ama y señora de gran parte del mundo durante largos siglos y dándole lugar así a los Aparatos Ideológicos del Estado. En palabras de Louis Althusser, uno de los principales exponentes de la teoría, los AIE son un serie de instrumentos que siguen una línea que representa a éste, utilizando para ello diferentes instituciones reproductoras de la ideología oficial, la religión, la política, la familia, lo jurídico, entre otras, y de las cuales se destaca la educación, por tratarse de una formula masiva, progresiva y por ser, además, aquella que trabaja con los seres mas vulnerables con los que nos podemos encontrar: los que carecen de conocimiento.

Nosotros los "vagos"... PARAMOS TODOS, PARAS TU, PARA EL, PARO YO!

Y la gente se molesta con esto de que los docentes paran, y comentan por ahí:

¿Qué quieren? ¿Cuánto quieren ganar?

¿Qué pretenden, acaso los demás ganamos sueldos cuantiosos?

¿Acaso los jubilados cobran todo en blanco?

¿Acaso los médicos trabajan en condiciones dignas?

¿Acaso nuestros hijos tienen el derecho de recibir una educación gratuita en este país donde todo está dado vuelta?

¡¿Acaso nosotros los ciudadanos tenemos el derecho de tener un pueblo inteligente y con oportunidades?! ¿Acaso, acaso, acaso...??? éstas son las preguntas que siempre quedan sin responder, es por esto que me pareció muy enriquecedor utilizar este espacio para informar sobre “algunas cosillas” que suceden y que no terminan de aclararse.

Tristemente, por otra vía aparece un representante de la ciudad diciendo, ¡Esos vagos que se vayan a trabajar!”, qué bárbaro! Vagos pasó a ser un sinónimo de docentes.

Pronunciado en labios de la oligarquía más extrema y la hipocresía más devastadora, suena como una amenaza a la integridad de las personas que componen esta sociedad (ya que el docente es y será el máximo exponente del trabajo), mal que le pese a muchos.


¿Qué entendemos por educación?

Para qué necesitamos que un pueblo sea educado.

En las mentes inteligentes de nuestros antepasados más gloriosos, surgía la idea, que la sociedad debía acceder a una educación sin límites, amplia y gratuita para que todos dispusieran de herramientas que les proporcionaran la formación de ideales de libertad, lucha y trabajo, para gozar de una vida con calidad.

Con el transcurso del tiempo esto fue cambiando y surgieron intereses de las grandes empresas globalizadoras del saber.


La educación como tantas otras cuestiones fue el último motivo para incluir en sus planes, privilegiando el manejo de grandes capitales sobre grandes ideas, así es que los planes de educación se fueron poniendo al servicio de unos pocos y descartando cada vez más a unos cuantos.

Bajo la sombra de algunos discursos solapados como “vamos a otorgar becas de comedores para que los chicos mas necesitados puedan tener un plato de comida caliente y saludable todos los días”, en vez de decir “vamos a generar mas puestos de trabajo para que los mas necesitados puedan llevar a sus casas el alimento diario” siempre se elige el mal menor, y nos vamos conformando y hasta creyendo que la idea de los comedores escolares tal como están funcionando es la mejor, pero ¿quién controla la calidad de esos alimentos? ¿Quién selecciona al personal que debe verificar la comida de nuestros pibes?

Hacia una educación liberadora

Cuando falleció su esposa, Elza, Paulo Freire la lloró en público, en actos y conferencias donde él era el homenajeado. Más tarde, cuando se enamoró de Nita y volvió a casarse, compartió su alegría y su amor con quienes lo oían, relatando experiencias de su nuevo matrimonio (dicen que muchas veces hizo ruborizar al público, sobre todo en Estados Unidos, donde se espera que un intelectual presente un discurso objetivo y despersonalizado). Pero la despersonalización era imposible con él, todos sus discursos, libros y trabajos estaban teñidos por sus sentimientos.

Freire sabía que contar anécdotas e historias suponía un método eficaz cuando las teorías elaboradas fracasaban, y así creaba un vínculo entre orador y público, generando una mínima complicidad para fortalecer ese lazo; porque son en las historias, en el reconocimiento con el otro, donde los vínculos se fortalecen. Esa era la pedagogía del amor que el brasileño Paulo Freire difundía e intentaba expandir.

I Paulo Freire fue un pedagogo brasileño, nacido en las puertas de la década del 20. Conoció la pobreza y el hambre durante la crisis de 1929, experiencia que formaría sus preocupaciones por los excluidos y le ayudaría a construir su perspectiva educativa.

Para poder comprender lo que significa Freire y lo que propone como educación, quizás sea fundamental conocer el contexto que ha vivido, ya que es a partir de él que surgen sus propuestas. No voy a extenderme realizando una biografía de Freire, pero sí decir que su obra contiene las nuevas y revolucionarias ideas que surgen en la América Latina en los años ‘60.

Sus primeros trabajos tienen que ver con la educación de las poblaciones pobres de su país. Freire contempla los traumas y dificultades por los que atraviesa la gran mayoría de los hombres camp


esinos del norte de Brasil, producto de una educación alienante que lleva al pueblo a vivir su condición de miseria y explotación con una gran pasividad y silencio. Ante esta realidad, Freire plantea que el hombre debe ser partícipe de la transformación del mundo por medio de una nueva educación que le ayude a ser crítico y lo lleve a vivir sus experiencias como algo completo de valor.

Muéstrame como hablas y te diré quien eres

En historia de Cronopios y de Famas, Cortazar nos mostró magistralmente que cuando subimos una escalera hay una cantidad de operaciones que realizamos casi maquinalmente, sin pensarlo. Subir una escalera está en el orden de las cosas, no lo cuestionamos demasiado y le prestamos poca atención. En las cosas sociales pasa algo similar, la educación, los medios de comunicación, la economía y la política, por mencionar algunos ejemplos, muchas veces las pensamos con la familiaridad y la osadía con que subimos una escalera. Cuando hablamos son pocas las veces que prestamos atención a las palabras que usamos. Sin embargo, el lenguaje y las formas del habla son objetos sociales, tienen una historia. La cultura se esconde y se asoma sin que lo percibamos cada vez que nos comunicamos. Hablamos con palabras, pensamos con palabras, conocemos el mundo con las palabras que lo nombran, insultamos con palabras, amamos con palabras, cuando morimos dejamos nuestras últimas palabras. El significado y el peso de las palabras nos trasciende, detrás del lenguaje hay sistemas de ideas; en última instancia, en el fondo de las palabras está la cultura de un pueblo, una Nación o un grupo. No está demás decir que en la interacción cotidiana el habla nos ubica en un espacio más extenso y complejo que el que nuestros ojos pueden escrutar de una mirada. Las formas que adquiere el habla nos sirven para identificarnos con nuestro grupo y clasificar a los “otros”. La identidad se juega también en el lenguaje. Muchas veces impugnamos a las personas por las maneras en que hablan o callan, podemos ser categóricos e impiadosos con los “otros”.

Apuntes sobre la línea de fuego

Entre los muros es más que un registro fílmico de un recortado escenario de crisis socio- educacional acotado a cierto sitio de la Francia actual. Entre los muros suena y se ve a experimentación, a prueba de laboratorio en un espacio transgenérico, entre documental y ficción, sobre la huella de un guión surgido d
e la propia experiencia vivida por quien ejecuta uno de los roles protagónicos en el filme. Se trata de François Bégaudeau, que interpreta al profesor de lengua francesa, uno de quienes apuestan a experimentar encerrado entre los muros de un aula. Sitio espacial y discursivo claustrofóbico, demasiado pequeño para tan expansivo choque de subjetividades. Las tomas transcurren en interiores de escuela ensamblados en largas secuencias de cuadros comprimidos, en planos medios, y ping pong de primeros planos. El movimiento fílmico hace foco en las partes del cuerpo más móviles y activas en un escenario áulico, los rostros y torsos de alumnos detrás de los bancos. Roces y enfrentamientos entre las tantas etnias que configuran el amplio y difícilmente conciliable conglomerado poblacional de algún suburbio parisino. Encuentros entre las diferenciales cosmovisiones, de quienes detentan el poder que otorga el saber disputado en las aulas, y quienes, del otro lado del muro, de ese más numeroso de la clase, se resisten a creer que indefectiblemente ese saber es poder.

Pero además no se trata tan sólo de subjetividades y posicionamientos generacionales y de poder en pugna, sino de una mirada, traducida en un enunciador cinematográfico que en ningún momento toma parte en las pequeñas grandes luchas en la arena realista-ficcional. Un ojo objetivo se limita a moverse con los nerviosos movimientos y sonidos propios del convulsionado ambiente de un aula, sin ninguna música incidental, sólo los ritmos de roces en constante estado de ebullición. Un profesor busca en contrapartida que la atención en los temas de la lengua, en sus formas y gramáticas ortodoxas no decaigan. Aplicaciones teóricas anquilosadas ante un colectivo de alumnos que no encuentra razones para conocer las diferencias entre el pretérito imperfecto del indicativo y el del subjuntivo, cuando ya ni sus abuelas usan éste último extraño modo verbal para comunicarse. Los chicos no parecen interesados en cuestionarse algún futuro conjugando el “si yo supiera”, porque para ellos se desdibuja la segunda parte que completaría la proposición, el lugar de un potencial desarrollo tras la conquista del saber.

Etiquetas autoadhesivas

Quisiera diferenciar entre la educación formal y la no formal, que es la que analizaremos a continuación. Esta consiste en el conjunto de cosas que nos enseñan a lo largo de nuestra vida aquellas personas que nos rodean. Al nacer, nos insertamos en un núcleo familiar, en una micro sociedad, ya conformada con reglas, leyes, premios y castigos. Nos van enseñan qué cosas hacer, cuáles no, las consecuencias de no hacer lo correcto, los beneficios de sí hacerlo. En términos psicológicos, diríamos que la educación es lo que formará nuestro “Súper Yo”, que no es otra cosa que aquella parte de nuestro inconsciente que nos permite distinguir entre lo que esta bien y lo que está mal, nos indica las reglas a seguir, es nuestra moral y puja permanentemente con nuestro “Ello”, quien intenta satisfacer nuestros deseos independientemente de toda moral o regla.


Podríamos decir entonces que mediante la educación no formal se imprimen las “etiquetas” que debemos llevar en nuestra frente: “soy loca”,”soy vago”,”soy rara”,”soy inútil”, etc. Rótulos que también son aprendidos, y que nos acompañaran el resto de nuestra vida casi sin saber que allí están. Solemos asimilar estos “soy” generando una falsa auto imagen en muchos casos, y olvidándonos que lo único que realmente “somos” es “Ser personas”, el resto de las etiquetas corresponden a estados, “estoy vago”,”estoy indeciso”, “estoy triste”; lo cuál nos da más posibilidades de cambio.