La era de la boludez

Por Eugenia Hardenack

(La siguiente nota ha sido modificada para su publicación web. Para leerla completa, adquirí la edición impresa de PostaData en sus puntos de venta.)

He aquí mi reflexión, mi concepto, mi idea: La gente boluda hace más daño que la gente mala.
Vivimos escuchando frases tales como «perdoname… fue sin querer», «Te juro que fue sin intención», «no lo quise decir de esa manera», «se me escapó» y así infinidad de modismos que son usados para contrarrestar o recuperar una acción que si bien puede solucionarse, muchas veces, deja una marca irrecuperable.
Cuando ocurren estos eventos pensamos: «que hija de… me lo hizo apropósito de jodida» Pues no… Lo hizo de boluda.
No suele ser un problema, ni un conflicto cuando ocurre una vez, todos nos equivocamos,
a veces no podemos dimensionar cuanta importancia puede tener algo para el otro y hablamos o actuamos sin medir las consecuencias.
El problema aparece cuando este tipo de actitud se reitera en la misma persona y en diversas situaciones.
Veamos ejemplos: 1) una chica (llamemosla X) le confía a otra compañera de trabajo (S) que le gusta un compañero de su mismo sector (R). X le cuenta a S que cada día que ve a R se pone medio nerviosa, que no sabe bien que decirle y tiene miedo que el otro se de cuenta que le gusta, ya que se trata de una relación laboral y no quisiera arruinarla quedando en evidencia. Luego de desahogarse, X le pide a S que no diga nada. Si S al día siguiente va y le cuenta todo al susodicho, podríamos llegar a afirmar que ésta actuó de mala fe por infinidad de motivos que no vienen al caso.
Ahora bien, (uso este conector porque es muy de teoría) si esta amiga al día siguiente no le dice nada al muchacho pero en cuanto los ve hablando o juntos empieza a hacer gesticulaciones con la cara, algún comentario algo simpático del estilo: «que linda está hoy X … no R?» y pensemos que este accionar se va reiterando a medida que transcurre la semana, llegado el viernes, probablemente R ya se haya dado cuenta que algo pasa ahí y X esté mas inhibida que antes.
Además, probablemente X ya esté pensando que S es una terrible yegua que le quiere serruchar el piso. Aquí se puede ver claramente un conflicto que se podría haber evitado si S no fuera tan boluda. Si S hubiera sido mas sutil, de haberse mantenido al margen en vez de «querer ayudar», hubiese ayudado realmente.
2) Vivimos en comunidades, barrios, cuadras, edificios y por suerte o lamentablemente, según los casos particulares, tenemos y somos vecinos. Si no lo somos, todos tenemos un vecino chusma, metido o hablador. Si bien, yo soy tremendamente chusma y entiendo ese sentimiento de querer saber todo de todos, creo tener la neurosis controlada en algún punto y solo escuchar más que hablar. Pero todos sabemos que abundan las personas que además de enterarse, aman vociferar a viva voz todos los datos que han ido recolectando a lo largo de los días; sin saber si a alguna otra persona puede llegar a interesarle esa información.
Entendamos que se trata de una especie de problema psicológico egoísta y que a esta clase de gente poco le importa que al otro le interese, solo necesita desahogarse.
Situación en la vereda: viene la famosa vecina chusma y nos dice «¿Te peleaste con tu novio? Porque lo ví con otra chica el otro día ¿Que pasó?» Primero, «¿Qué cuernos le importa señora????» Segundo, «no, no me pelee». Esa es la respuesta que quisiéramos dar, pero la mayor parte de las veces contestamos cordialmente, porque si encima le contestas mal, la loca desubicada sos vos. Con lo cual te peleas con tu novio porque le contas que lo vieron con otra y para colmo te enroscas pensando que todo el barrio ya sabe que sos una cornuda.
En conclusión, una vez más triunfó la boludez y te arruino la vida. Como dije en un comienzo, esto es solo una hipótesis, y estos dos ejemplos me sirvieron de disparador para arribar a la ansiada Teoría.
Prometo tener novedades. Mientras, a modo de consejo, les pido… evitemos la boludez… que hace tanto mal.

4 comentarios:

Anabella dijo...

Eugenia! tanto ésta como la reflexión del número anterior me hicieron reclinar la cabeza para atrás de las carcajadas que me causan! buenísimo estilo para ponernos "in situ" de las situaciones...

Anónimo dijo...

jajajajaj muy bueno es tal cual lo decis.

Leandro E. dijo...

Muy buena la nota.
Ahora bien (está bien usado aca?), creo que más de una vez fui el "boludo" que metió la pata hasta los hombros...
Y probablemente lo siga haciendo.

Anónimo dijo...

Si, efectivamente, Eugenia, los boludos nos arruinan "sin querer" la vida muchas veces... Especialmente esos que se sientan a la mesa con cara de or... y te arruinan el almuerzo...
Muy buena nota.