Las formas de la fealdad

Por Leandro Ibáñez

(La siguiente nota ha sido modificada para su publicación web. Para leerla completa, adquirí la edición impresa de PostaData en sus puntos de venta.)

El par estético bello/feo es subjetivo, pero sin embargo existen factores culturales que son aceptados masivamente y que determinan que aquellos elementos feos no deben ser expuestos ni mostrados sin que medie una necesidad casi urgente, y con una finalidad muy especifica.
Luego de algunas meditaciones, encontré cuatro factores o elementos que son propios de aquello que se denomina “feo”. Con esto quiero decir que si algún ser humano posee alguna de las características que a continuación detallaré, es socialmente aceptado como una forma fea, desprovista de belleza, que causa desagrado y tiene aspecto malo. El primero de los factores es el hecho de no poseer una forma acorde con las proporciones “divinas”, o que la forma cause desequilibrios perceptúales en quien mira. Los tres factores restantes son características únicas y naturales de los seres vivos, los cuales están intrínsicamente relacionados y de los que ningún ser vivo puede escapar. Estos son la Enfermedad, la Vejez y la Muerte. Estas últimas se evidencian en el cuerpo y dejan registros de su presencia, nos enfrentan a la verdad mas terrible para todo ser viviente y conciente, la verdad de ser mortales y todo lo que esto significa.
Estas características feas son una construcción social, cultural y obviamente histórica; y se las estigmatiza indebidamente.

La forma propia de los cuerpos
Los sentidos nos comunican con el mundo que nos rodea y a partir de ellos nuestro cerebro percibe las cosas tal cual son. Si bien mediante el oído, el olfato, el gusto y el tacto podemos caracterizar las cosas como bellas o feas, aquí profundizaré sobre la información que llega al cerebro mediante la vista. El cerebro humano busca incontrolablemente y de manera permanente, reponerse al caos que lo rodea, haciendo foco en aquellas formas en las que encuentra armonía. A su vez esta armonía la encuentra en figuras simples y sencillas que puede comprender ni bien observa. En cambio escapa a figuras complicadas y caóticas que le exigen un mayor trabajo intelectual para llegar a comprenderlas o definirlas. Si bien las formas simples y sencillas nos ofrecen paz, nos cansamos mas rápidamente de ellas y necesitamos otras formas mas complejas para mantener nuestra atención por más tiempo y así hacer trabajar nuestro raciocinio, raciocinio que nos permite diferenciarnos como seres inteligentes.

Los factores que alteran la forma propia de los cuerpos
Otro grupo de fenómenos que me arriesgo a denominar condenados, son la Enfermedad, la Vejez y la Muerte. Utilizo la palabra condenados para designar a un grupo de elementos a los que se les ha negado dignidad y se los ha desechado del campo visual del arte y la cultura, elementos que han sido atomizados y escondidos detrás del espejo que refleja la realidad.
La Enfermedad no es fotogénica, y por lo tanto no se la retrata o muestra. Y en los pocos casos que si lo es, está maquillada y es ejemplo de lo indebido. La Enfermedad le duele a los sanos, ver el retrato de una persona enferma nos enfrenta al miedo de ser nosotros los que podamos estar de aquel lado. No queremos cruzar la valla, deseamos que nuestros futuros retratos nos muestren felices, sonrientes y sanos, como un reflejo de todos los años que nos quedan por vivir. Negamos la imagen de los enfermos porque tenemos la certeza que algún día seremos como ellos, negamos nuestra naturaleza.
Pero si usted ha tenido una juventud saludable, llegará a ser viejo y los cuerpos viejos enferman. Entonces permanezca joven y sano. Ocultemos también a los viejos, no los mostremos ni los retratemos. Y en caso de tener que hacerlo, que sonrían para la foto, que podamos verlos felices y con muchos años por delante. Ocultemos sus arrugas, sus cabelleras grises, la pose que toman los huesos luego de tantos años, ocultemos la melancolía de haber sobrevivido a tantos amigos, ocultemos la parálisis y la incontinencia, porque al fin de cuentas qué viejo quiere se recordado arrugado, ciego, encorvado y con bastón. Borges quiso, Bioy Casares también; pero ellos son otro tipo de viejos, son viejos con experiencia, con sabiduría, con orgullo, la clase de viejos que sí debemos recordar. Al resto no. Nuevamente temblamos al enfrentar el futuro, al mirarle la cara a la naturaleza.
Y lógicamente asociada a la Enfermedad y a la Vejez, se encuentra la Muerte. Dos caminos que llevan a un mismo sitio y un sitio al que todos le huimos. Y si el arte representa al mundo, que mejor que condenar la Muerte para creer que no está presente, o al menos no muy presente y no muy cercana.
Richard Avedon retrató los últimos siete años de vida de su padre, su vejez y su muerte. Quizá a modo de exorcismo o a modo de duelo, pero lo hizo; y cada vez que veo su trabajo me planteo la muerte de mi madre; nunca la mía, con eso tendrán que lidiar mis hijos.
Autores como Diane Arbus, Joel-Peter Witkin, Richard Avedon, retrataron la Muerte, la Vejez, la Enfermedad, y lo hicieron con dignidad, sin tapujos ni medias tintas, sin golpes bajos y mostrando respeto por la naturaleza, y así redignificaron a locos, deformes, viejos y moribundos. Si el arte es reflejo del mundo, es tiempo de sincerarnos con nosotros mismos y aceptar con humildad el proceso natural de los cuerpos.


Con el avance de la tecnología y la difusión casi instantánea de los medios gráficos, podemos ver caras bonitas de cualquier parte del globo, pero son siempre las mismas caras. Desde hace medio siglo los rostros solo cambian de dueño y nacionalidad, pero siguen siendo un reflejo del rostro que lo precedió y será la base para el que lo reemplace. Es momento en que los rostros cambien, en que dejen de mostrarnos una y otra vez lo mismo, en que podamos ver hombres y mujeres diferentes, dispares, diversos, desequilibrados; rostros como los nuestros, comunes, bellos en su simplicidad, estéticamente errados y más humanos que divinos. Es momento también de enfrentar nuestra mortalidad y la de nuestros seres más cercanos.
Estos factores son sumamente valiosos como para continuar marginándolos y hasta es socialmente necesario darles un papel prioritario dentro de los medios de difusión, artísticos, culturales y sociales; porque solo así empezaremos a aceptarnos y a aceptar a los demás en su diversidad, y de esta manera nos reconoceremos tanto en “feos” como en “bellos”, en jóvenes como en viejos, en sanos como en enfermos, y la realidad de que si bien somos seres mortales con un punto final asegurado, lograremos no tenerle tanto terror a la muerte.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

INTERESANTE ARTICULO...CORRECTO, FRONTAL. FELIDADES LEANDRO. UN GUSTO HABER PASADPO POR AQUI.
EL MEJOR DE LOS EXITOS PARA TODOS LOS QUE HACEN POST DATA

SALUDOS DESDE SALTA
JOSE LUIS MAC FARLI
(alguna vezcompañeros en el IUNA)

negra dijo...

"LA ENFERMEDAD NO ES FOTOGENICA... LA ENFERMEDAD LE DUELE A LOS SANOS" Creo que develaste una verdad tenebrosa.

Poética manera de criticar a los occidentales. ¿Sabías que los lituanos sí fotografían a sus muertos? Es una costumbre muy poco europea, muy poco católica y aparte fuera de moda!
Sólo para colaborar...

María Crigna (amiga de Sole)

Anónimo dijo...

muy bueno este numero, muy buena nota reflejando un poco de lo que todos no queremos ver... algo feo

saludos leo!


Clau.

Anónimo dijo...

De alto contenido, con lenguaje claro e inteligente.
Un verdadero análisis que mete al lector en un mundo un tanto desconocido.
Las conclusiones hechas por el autor me parecieron de una gran embergadura y exquisito sentir.
Bravo, una vez más! Cris Pass

Anónimo dijo...

Producir discursos éticos y difundir mensajes que incentiven la
irreflexión ha dejado de interesar a ciertos medios de difusión.
Estos legítimos reclamos para lograr espacios de análisis y crear
conductas solidarias son altos ideales que hoy están lo utópico.
Por eso resulta sumamente gratificante leer un articulo como "Las
formas de la fealdad" donde tópicos como La Enfermedad, La Vejez y la
Muerte son tratados con claridad y respeto, dignificando la naturaleza
humana y sus momentos de dolor.
Mis sinceras felicitaciones al autor, Leandro Ibañez, un joven lucido
y profundo que no duda en abordar temas tan reales y maltratados con
seriedad y responsabilidad. El es un ejemplo esperanzador de que buena
parte de nuestra juventud es capaz de generar ideas renovadas y
construir pensamientos significativos.
Otra felicitación para la Revista PostaData que logra revalorizar la
importancia de la "palabra" e intenta sacudirnos para que nuestras
opiniones no estén faltas de empatìa generosa.

Atte.
Elsa Cetta